miércoles, 23 de marzo de 2016

Los yonquis/las yonquis





EL UNO
Los yonquis parecen más felices
que las personas
Normales.
Se ríen,hacen piña
cuando van por la calle.

Las gentes vienen solas
del trabajo
silenciosas
con cara de póker
o de no decir nada
agachan la cabeza
cuando te ven.

Los yonquis
las yonquis
si te miran
probablemente sea para pedirte un cigarro
son prácticos
van directos al gramo.

El DOS
El camión de abrillantado de la ciudad
pasa...
Pasa
como queriendo atropellarme a mí
y a las palomas
ni que fuésemos ratas
y el nicho; las alcantarillas:
el subsuelo de la ciudad.

EL TRES
Los vemos sin ser vistos
nos ven sin vernos
las cámaras
la ciudad es una webcam
pero todos pasamos desapercibidos
menos tú.

Los yonquis parecen más felices
que las personas
Normales.

Hazme caso, los yonquis dan suerte
son como amuletos oscuros
sus sonrisas desdentadas
su vista perdida
en alguna parte de un horizonte
muy lejano y ajeno al tuyo.

Si tienes suerte de encontrarte con uno
quizás te toque la lotería
quizás te toque el cupón
y puedas llegar a ser
uno de ellos.
Uno de ellos.


Cuetos Víctor, Xixón, 2016

Gracias a Slam Poetry Oviedo y a sus organizadores/as.






















viernes, 18 de marzo de 2016

Los Miserables



No conocerás a su familia, ni tampoco lo conocerás a él, aunque yo te diga su nombre te lo presente, te cuente, te muestre quien es no tienes porque conocerlo, ni tampoco esta historia tiene que corresponderse a una historia real, pero si a la realidad que nos ocupa.
Escojo un nombre y un contexto muy determinado; el ámbito laboral en el que me muevo. La clase precaria hoy se compone de los hijos y las hijas de la clase trabajadora y del inmigrante de primera y segunda generación. Las nuevas formas de explotación no son tan nuevas pero nos sorprenden en una época en la que pensábamos que todo estaba atado y bien atado.
La nueva servidumbre pasa por una situación de neoesclavitud que en algunos casos sobrepasan todos los límites morales y éticos conocidos hasta hoy. Una nueva época nos espera y aun no hemos conseguido levantarnos de nuestros traspiés.
 
Tu y yo somos un sujeto elíptico en un mundo dividido en miserables y esclavos de los miserables 

-¿Qué pinta se supone que tienen los poetas?
-No sé, asi como tú. En plan rockero. Como tu vistes, con esas patillas. A mi me lo pareces. No das el pego de que te guste el techno ni vayas a raves.
-Joder, Edgar. Los poetas también son calvos. ¿O qué? No me digas eso, solo te falta que me llames señor.
-Jajajajaja...que no men, no te rayes. A mi me caes bien, y ya está. Lo que pasa que bromeas demasiado conmigo y a veces no te entiendo.
-Jajajaja.
-Claro es que soy antisistema pero yo creo que tu me entiendes. ¿A qué sí?
-Si, bueno...ya te dije que yo me siento muy identificado, men. Con lo que dices muchas veces.
-Bueno dime una cosa ahora que estamos solos en la cocina. ¿Tu te sientes español? Supongo que al ser inmigrante de segunda generación no tengas ningún problema con la nacionalidad. Y que tampoco tendrás que hacer el examen de hispanidad. O vas a ponerte ahora a bailar sevillanas.
-No sé, men, yo paso de esas cosas. Me siento del mundo y ya está. Por suerte soy de aquí, he nacido aquí. Pero hay gente que sigue mirándome mal simplemente por el color de mi piel y eso me jode, men. Aunque también paso mucho del tema de pandilleros y eso. De hecho tenía un amigo que empezó a pasar mierda. Y para mi ese tío ya no existe.
-Sí? ¿Y qué pasaba? ¿Hachís?
-Sí, bueno creo que lo estafaron. Y se metió en un jaleo. Le dieron hachís para que lo pasara y se lo robaron nada más aparecer por el parque donde paraba. Un amigo suyo creo. Ahora debe el dinero, y encima no tiene nada para recuperarlo. Ya le han amenazado. Por eso te digo, men. Yo paso de todo, solo quiero trabajar, me da igual y ayudar a mi familia.
-Eso está muy bien, Edgar. Que no te metas en esos jaleos, siempre trae problemas. Yo nací en un barrio durillo en el que se trapicheaba bastante, y en el mejor de los casos o te robaban o robabas.
Espabilar a veces significa meterse en terrenos bastante farragosos, en los que el bien y el mal no está muy bien delimitado. No es que a mi me importe mucho.
-Lo dicho, loco, yo paso de esas historias. Tengo mi trabajo, ayudo a mi familia. Mi padre está en paro, y además tiene una enfermedad que no le permite trabajar. Y me necesitan.
-Es lo único que importa, hazme caso. El amor, la amistad y la familia. Oye nos ponemos con los bollos que esto ya está recogido. Y luego si quieres te pones a estirar mientras miro las neveras y preparo todo para la noche

Las personas que tenemos mejores condiciones de vida tenemos la obligación moral de rebelarnos 

Edgar es uno de esos chicos que a muy temprana edad tuvo que asumir la responsabilidad de llevar el pan a casa, mantener a su familia y al mismo tiempo estudiar. Su vida no es fácil, no se la han puesto fácil. Pero tiene la suficiente capacidad y energía para asumir todo ese peso y además sacar algo de tiempo para sus amigos. Jugar partidos de fútbol antes de trabajar, leer libros de historia sobre las antiguas civilizaciones y seguir formándose. Debería ser el orgullo de muchos padres de clase media pero a él el dinero no le cae del cielo. Ahora bien, el problema no es él. El problema es quien se aprovecha de su necesidad para sacar partido, o incluso para aumentar sus beneficios.
Su debilidad es su familia y quizás la ingenuidad de pensar que trabajar es un regalo de dios, una oportunidad para resolver los problemas económicos. Tiene que aceptar un sueldo de mierda por más de 40 horas semanales, y además no le queda más remedio que agachar la cabeza si sus condiciones laborales se ven aun más precarizadas.
La miseria moral que rodea al que exprime a quien más necesita el dinero es intolerable, y las personas que están en condiciones más favorables tienen la obligación moral de rebelarse ante quien ejerce la explotación por la explotación sin importarle absolutamente nada.
Mi abuelo trabajaba en la mina en los años 60 y 70, cuanto más lo pienso más me recuerda a Edgar, hemos retrocedido brutalmente. La diferencia quizás sea que mi abuelo tuvo que tragar con unas condiciones laborales muy crudas que afectaban directamente a su salud. Aun así después de la mina tenía fuerza suficiente para jugar un partido de fútbol con su equipo y como el decía “el único trofeo que le daban como futbolista era un platu de fabes”.

Somos una gran familia tienes que estar dispuesto a darlo todo a cambio de nada 

Cuando se marchó Edgar yo me quedé solo, todas las tardes compartía un rato de trabajo con él y luego hasta la noche no venía nadie. Al venir el resto me enteré que por la mañana habían venido los jefes para hablar con él. Hacía tiempo que tenía la sensación de que siempre venían cuando yo no estaba, no sé si es que me había ganado la fama de sindicalista por un incidente que tuve con uno de los supervisores. Edgar tenía el mismo contrato que yo, las mismas condiciones laborales y hacía más o menos el mismo trabajo. Era más joven y el error de la empresa fue no ponerle una categoría inferior para sacar más rendimiento y beneficio. Cuando la carga de trabajo empezó a bajar se reunieron con él. Dentro de la cocina hay una pequeña sala donde se estira la masa de la pizza. Los jefes entraron directamente a esta sala y allí le ofrecieron una nuevas condiciones laborales.

-Edgar, aunque queremos lo mejor para ti no podemos mantenerte en las mismas condiciones laborales que al resto, por la semana ha bajado mucho el trabajo y nos vemos en la obligación para evitar despedirte y para que sigamos todos adelante como una gran familia en quitarte todos los meses 300 euros de tu salario. Además hay quejas de tus compañeros porque tu cobras lo mismo que ellos y creen que teniendo mucha más antigüedad que tu, y cargando con muchas más responsabilidades tu no puedes cobrar lo mismo que ellos. Como no podemos bajarte la categoría tendrás que hacer el ingreso en nuestra cuenta todos los meses. Es fácil lo domicilias y así te olvidas.
-Vale, lo entiendo, no pasa nada. Sé que hay menos trabajo por la semana. Me da igual yo con 900 euros tiro bien el mes, no tengo gastos propios, se lo doy todo a mi familia, menos lo que es para los estudios.

Los jefes jefazos se fueron alegres y contentos, por el mismo camino por el que habían venido. Que más da una vida más o menos precaria si con ello pueden llenar sus bolsillos de miserias morales. 


Continuará...

Cuetos Víctor, Xixón, 2016

Todos los relatos correspondientes a la etiqueta "Periodismo Bonzo" son obras de ficción basadas en la realidad.








miércoles, 16 de marzo de 2016

El Traje nuevo del Emperador



Erase una vez una empresa de un Emperador, que mezclaba lo tradicional con lo más innovador del mercado. Productos de la tierra, el mar y hasta algo traían del otro charco que ofrecían a un módico precio allá donde se lo reclamaban. Tenían una red de esclavos y esclavas que atendían a todas sus peticiones cobraban en B lo que no podían cobrar en A y a cambio, a cambio ofrecían su disponibilidad total. El Emperador jugaba con la necesidad del otro, sí, y el otro acababa adoptando las formas y maneras del Emperador.  Aquello parecía una fábrica de hacer oro pero también de miserias morales.
Todo lo que tocaban lo convertían en oro, decoraban sus instalaciones, y hasta sus esclavos preferidos los agasajaban con oro. Todo parecía brillar y en la noche adquiría un color especial.
El color de la escama y podre de una alita de mosca parecía oro, pero al amanecer su olor putrefacto había que limpiarlo con amoniaco, entregarse al máximo para que no dejara de brillar nunca.
Como todo lo artificial de la noche a la mañana dejó de brillar y el oro no era más que una cagada de pájaro en el hombro de alguna mujer guapa y siliconada que ofreció su libertad a cambio de nada. El Emperador encargó a uno de sus esclavos que le tejiera un traje nuevo con el que deslumbrar a todos sus empleados, tenía que inaugurar un nuevo local en el País del Nunca Jamás.
El esclavo que se había hartado de su condición decidió comprar una tela nueva con la que tejer el traje nuevo del Emperador. Le dijo que era muy cara y que estaba preparada para deslumbrar a todos aquellos y aquellas que la miraran. Pero que él debería mirar al frente, ya que la tela sería invisible a sus ojos pero no a los ojos de los demás. El Emperador asombrado por la pericia e inventiva de su esclavo accedió a ponérsela para la inauguración del nuevo local.
El País del Nunca Jamás no tenía muy buena fama, sus habitantes eran irónicos y se burlaban de toda autoridad. No aceptaban ni el brillo del oro ni el de la escama, preferían el cuero y el azabache; la plata y el hierro. Y hasta les encantaba jugar con artefactos y demás explosivos en sus fiestas, también hacían ofrendas al fuego. Era un pueblo que ya había soportado todo tipo de tropelías. Y aborrecían a los Emperadores, y a sus huestes. No reconocían los derechos de sangre ni tampoco atendían a las relaciones de vasallaje que el Emperador pretendía imponer aquí en su tierra.
El esclavo que tomo contacto con esta tierra empezó a sentir simpatía por ella, se sintió acogido y hasta agasajado por el cariño de estas gentes. Admiraba su libertad, su arrojo y su valentía.
Tomó conciencia de su condición y fue cuando decidió engañar al Emperador.
Todo el mundo estaba ansioso por la fiesta de inauguración, se entregaron al máximo para decorar las nuevas instalaciones. Corría la escama entre sus alas, pero el local transmitía cierto hedor a putrefacción que intentaban perfumar para evitar así que el olor ahuyentará a las gentes.
El esclavo vistió a su Emperador con el traje hecho con esa tela nueva y especial que prometía deslumbrar a todo aquel que la mirase. El Emperador accedió a todas las peticiones del Esclavo, dejándose guiar por él, se dejo tapar los ojos con una venda y cuando estaban llegando a la puerta del local el esclavo le quito la venda para que entrara por su propio pie.
Todo el mundo esperaba ansioso, vitoreando a su emperador, excepto las gentes del lugar que observaban con curiosidad y con cierta perspicacia todo lo que allí ocurría.
El Emperador entró con la cabeza alta, muy alta, casi no podía ver a su público y a sus esclavos y esclavas. Pero le pareció oír una gran exclamación que decía:
-Pero si va desnudo, va desnudo.

Continuará...
Cuetos Víctor, Xixón, 2016 

Adaptación del cuento de Hans Christian Andersen, El Traje nuevo del Emperador. A nuestros días, nuestra tierra y a las miserias morales que tenemos que ver día a día. 

martes, 1 de marzo de 2016

Solo queda un punk en esta ciudad de mierda


Solo queda un punk en esta ciudad de mierda
y ha desaparecido
lo vieron subido en un contenedor 
en una calle a un Amsterdam 
después de ganar tres mil euros

en un premio jugando al bingo
porque la bebida suele ser 
mucho más barata en esos sitios.

Solo queda un punk 
aquí
no le importa ya 
estar rodeado de viejas 
o de jóvenes 
para él es lo mismo
exactamente lo mismo.

Solo queda un punk 
alguien lo vio subirse al avión
ya no bebe kalimotxo 
si es que alguna vez lo bebió
le gusta el coñac y las señoritas
tiene un caniche 
y lleva paraguas cuando llueve.

Habla con las viejas 
juega al bingo con ellas 
a veces se deja perder 
y otras va a ganar 
solo nos queda un punk
y ha desaparecido.

Pasa de los jóvenes
como de la mierda 
ya no arriesgan 
ya no se juegan nada 
van a lo seguro
van a ganar.

Solo nos queda un punk 
en esta ciudad de mierda
la leyenda cuenta 
que anda desaparecido 
y que lo puedes encontrar 
por las noches en el Bingo 
a veces va a ganar 
y otras veces se deja perder.

Cuetos Víctor, Xixón, 2016