En los caminos polvorientos
de la vida vas conociendo
los entresijos que nos llevan
a páramos malditos.
En los caminos de la vida,
vas dándote cuenta
quien es quién, quien huele
a carcoma y tierra quemada.
Y quien representa realmente
algo para ti.
Cuando nos metemos
sin querer queriendo
en callejones sin salida
con gente que habla del mal
y del capital, y luego solo
les interesa lo suyo;
o sea sus negocios.
En los caminos angostos
y polvorientos donde se esconde
la escoria, y la única luz son
las largas de un coche.
Oh, sí. Te das cuenta
de la cantidad de rémoras
qué hay.
Te venden por un galón
de whisky o por una grano
de arroz.
Por menos de lo que vale
una perrona.
Es así, eso nunca va a cambiar.
Céntrate en quien te quiere
y te aprecia. Es un consejo
qué nació en los caminos
polvorientos de un páramo
Maldito en los que la única luz
que había eran las largas de un coche
con matricula de Pontevedra.
O yo que sé.
Cuando el polvo del camino
no te deja ver lo que es ficción
y lo que hoy es realidad.
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