lunes, 4 de septiembre de 2017

El primer niño que pintó una A de Anarquía en la ventana de su habitación porqué afuera llovía


Nosotros pasábamos ciertas penurias, principalmente a causa de las decisiones que tomaba nuestro padre. Pero estábamos integrados, más o menos, claro. Mi padre lavaba la bandera de la RDA en casa, y luego la tendía ante los alucinados ojos de nuestros vecinos. Era secretario de una asociación de hermanamiento y cooperación con la antigua y desaparecida Republica Democrática Alemana.
El nombre lo dice todo y el compás de la bandera.
Creo que por mi casa pasó algún embajador, y casi qué el mismo Erik Honecker. O la Stasi, o no me acuerdo muy bien. Mi padre algo tendrá que decir al respecto, de con quien comí yo helados por la Castellana de Madrid cuando solo era un puto niño. 

Si no recuerdas la historia, te la refrescaré, seguro que te acuerdas de la Guerra Fría, de que el mundo estaba dividido en dos bloques; el comunista y el capitalista. Alemania estaba dividida en dos, la capitalista y la comunista. Les separaba un muro. El muro de Berlín.
Mi padre colaboraba con el bloque comunista viviendo en el capitalista, por lo tanto las visitas de la policía a casa no es que fueran habituales, pero al parecer a mi me conocían desde que era un enano, dicho por un secreta de la CNP.
En mi casa se evitaban en la medida de lo posible las películas norteamericanas, estaba totalmente prohibido Rambo, la Guerra de las Galaxias y toda película que mi padre entendiera que exaltara el sueño americano. Aunque las que echaban por la tele las veíamos, y el ponía esa cara de desaprobación y mala hostia...
Como cuando mis hermanas veían, y yo con ellas, Sensación de Vivir o Melrose Place,
el sueño americano en mi casa estaba prohibido.
Ahora que lo pienso fríamente tampoco era para tanto, y creo que no me perdí gran cosa. Podía ver muchas otras, que seguramente me gustaban más, como la Selva Esmeralda, Gorilas en la Niebla, o Indiana Jones, o Bruce Lee y el Dragón Rojo en los cines del colegio, con las colchonetas, sí...
Los goonies...Yo que sé. Y Alf, porque Alf era un serie de la RDA, al parecer y nosotros extraterrestres en el vecindario. Y la Pantera Rosa comunista, no te jode. Pero sobre todo podía leer, porque en mi casa libros no faltaban. El manifiesto comunista, los consejos obreros, los anarquistas...De todo eso, de todo aquello solo quedó una piedra pintarrajeada del Muro de Berlín y encima una pipa que alguien regaló a mi padre.

Para algunos parece que la cuestión principal reside en dos marcas registradas en la que el color, o la variente del color representa la marca. Unos beben pepsi y otros coca cola, y los más alternativos beben Fritz Cola, los más radicales Meca cola. El mundo tal y como lo entendemos hoy, es uno. No hay variantes, no hay alternativas. Son pocas, exiguas, e implican un sacrificio al que ya no estamos acostumbrados.

Yo nací en la contradicción, en el choque entre esos dos grandes bloques. Sabía que Good Bye Lenin era mi película, la de mi padre. Y Trainspoitting la de mis amigos, y la mía, porque también vivíamos en el culo del mundo y nos poníamos hasta el culo de todo, o de casi todo menos la heroína. 
Los yonquis y los comunistas serán los únicos que sobrevivirán a la barbarie de nuestros días. Y el primer niño que pintó una A de Anarquía en la ventana de su habitación porqué afuera llovía.


Aplaude Coehlo, Xx, 2017  

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