lunes, 19 de marzo de 2018

Decálogo para no comprar en tu supermercado más cercano mayonesa Musa.



                                                                                 

I

No me gusta la inspiración divina
tampoco la mayonesa Musa.
Sabe mucho a vinagre.

II
No necesito hadas madrinas
ni carruajes de calabaza
no creo en la lotería de navidad
ni tampoco en la Esperanza.
Hace mucho, mucho tiempo
que se vendió al Capitalismo.
Y el verde que te quiero verde
dejo de ser Lorquiano
y ahora solo es una luz
que te envía un mensaje
y a su vez otro mensaje.
Es el puto Facebook.

III
Yo nací pronto
tú naciste temprano.
Tú eras el faro
que hacía que los barcos
se encallaran
y los veleros nunca llegaran
a tierra.
Te salió mal
Yo soy de los que no aspiran
a llegar a ninguna parte
porque con poder caminar:
me conformo.

IV
Nos movemos.
Estamos vivos.

V
El mundo
es según como lo mires
a veces es un gran muro
que separa nuestras vida
y otras veces
son los ríos los que lo acercan.
Somos los únicos animales
que tenemos capacidad
para percibirlo
y no somos capaces de verlo.

VI
Hay cosas
son solo cosas
que nos separan
Y hay otras...
que misteriosamente
nos unen;
estas son las imprescindibles.

VII
El amor
es la compensación de la muerte:
su correlativo esencial
Lo decía Schopenhauer.

VIII
El ego
las relaciones de poder
hacen que el amor
se reduzca
a la mínima esperanza.
La religión
el castigo
el sacrificio
lo hacen añicos.

IX
La vida es otra cosa.

X
Aunque
a veces
me gustaría
morir hablando contigo.

Víctor Cuetos, Xx, 2018


sábado, 17 de marzo de 2018

Mi mundo es pequeñito





Me propongo construir mi pequeño estado del bienestar

frente a ese otro que es incapaz de dar marchar atrás
y que nos aboca a una vida cargada de hostilidad.
De prisas, de carreras, de contenciones, de producciones,
de metas, de objetivos, de remuneraciones al servicio
de nada, de ficciones, espectáculos, simulacros
que se venden como escaparates de lo humanitario
y son mentiras cochinas que silencian la barbarie
que han extendido por cuatro valores al alza.

Me propongo pequeños actos cotidianos
que engrandezcan el espíritu y alivien la rabia.
Llevar la poesía a las calles y que sus esquinas
reverberen versos
que sus adoquines repiquen las palabras
todas las palabras que han silenciado
con tantas ansias de poder y riqueza.

Aquí no hay tratados Schengen
ni fronteras delimitadas
ni estados de excepción
ni del malestar creciente.
No dejes que tu vida dependa de ellos
No dejes que la ira apague tus sueños
y los convierta en pesadillas.

Somos pequeñas islas equidistantes
y aquí decidimos
y aquí construimos
nuestra exclusiva jurisdicción.

Ante cualquier agresión o invasión
aunque sea militarmente superior
reaccionemos con versos, piedras, palos.
Tirachinas, pinturas, petardos, cohetes.
Bicicletas, silbatos, cornetas, bocinas.
Platos, cacerolas, globos, gritos de rabia.
Frases cortantes, estribillos altisonantes.

Demostremos que nuestras guerras
son de baja de intensidad
Y que sus consecuencias
son infinitamente más humanitarias
que las que han emprendido
nuestros gobiernos y estados del malestar.

Mi mundo es pequeñito
y en él estás tú, y tú
y aquel, y ese otro
y todos nosotros y nosotras
sin distinción alguna.

Nuestro mundo es el posible
el suyo hace tiempo
que es una fábrica de muertos
que produce cadáveres.

Eterno, Zaragoza 2011 


martes, 13 de marzo de 2018

Nuestros vientres bajo tierra


   


Nuestros vientres temblaban 
del frío que da pensar 
volver a la carne y al cuerpo 
después de haber jugado 
tanto tiempo a ser invisibles. 

Neuronas Espejo dijiste. 
Vamos bajo tierra te dije:

no tienes que temer al vértigo 
ni a las malas caídas 
solo a las escaleras mecánicas. 
Aun así vas de espaldas a todo. 
Y eso me gusta. 

Mientras tanto...
los vigilantes miraban sus cadenas 
atadas a relojes de escarcha
y comentaban entre risas congeladas
lo mucho que apretaban las esposas
 a los detenidos.
Daban un poco de asco. 
Y te lo dije. 
Y también te dije aunque no me acuerdo:


Los silencios hablan 
yo puedo escucharte 
desde muy lejos 
sentir lo que sientes
hablar sin hablarte.


Soy un punto rojo
en un cuadrado negro 
en una pared blanca. 
No creo en el azar
ni en el destino
por eso quiero cambiarlo
por eso me niego a aceptarlo.


Te lo dije en el andén 
mientras contábamos 
pasajeros mirando al móvil. 
Yo conté 39, tú 54 
mientras pensábamos 
que no éramos buenos para las matemáticas
y que nunca, y digo nunca; lo seríamos. 
Vimos a un mendigo 
pidiendo un poco de humanidad 
a la salida del metro.


Nos sentamos en Sol 
y tú formabas parte del verso
que a continuación iba a escribir
y se me olvidó pensando
si íbamos a alguna parte
o no. 
Fue entonces 
cuando aprendimos 
a caminar por la oscuridad
sin caernos.


Víctor Cuetos, Xx, 2018